Recomiendan 17 años y medio de cárcel para la mamá de la nena de 12 años violada y estrangulada por su padrastro en San Luis.

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El 22 de marzo pasado, la nena, Florencia Di Marco (12), desapareció. Poco más de 24 horas después, fue hallada violada y estrangulada. (La República)

Por María Laura Balonga

La nena lo habló con su abuelo. “Me dijo que cuando se acostaba tenía como pesadillas, que era como que le golpeaban la cama, se la movían y que le había contado a la mamá y no le creía”. La nena lo habló con la maestra. “Me dijo 'hay veces que mi papá me acaricia'”. La docente le contó a la mamá, y la madre le respondió que su hija era “una mentirosa”.

El 22 de marzo pasado, la nena, Florencia Di Marco (12), desapareció. Poco más de 24 horas después, fue hallada violada y estrangulada. Y el que habló fue su cadáver, y contó sobre los abusos reiterados de su padrastro, quien luego se suicidó en la cárcel. Ahora, la mamá de esa nena a la que nadie ayudó ni le creyó quedó a un paso del juicio oral: piden 17 años y medio de prisión.

Para el fiscal de la UFI N°3 de San Luis, Ricardo Esteban Roche, Carina Di Marco, la mamá de Florencia, “estaba en pleno conocimiento de los aberrantes y sucesivos abusos” que sufría la nena.

Por eso, Roche cree que “omitió, se abstuvo, no le creyó, no le importó” y “no quiso brindarle la ayuda que le correspondía como madre”, y así permitió que su “propia hija soportara un verdadero calvario”, según lo que se desprende del requerimiento de elevación, al que tuvo acceso Clarín.

Para el fiscal Roche, Di Marco actuó con “indiferencia y despreocupación” ante lo que le pasaba a su hija porque “optó por priorizar su relación de pareja”. Así, la envía a juicio acusada de ser “partícipe necesaria materialmente responsable del abuso sexual con acceso carnal triplemente agravado” al que fue sometida la nena por su padrastro, Lucas Gómez (32).

Gómez, que fue detenido al día siguiente del hallazgo del cuerpo, se ahorcó en prisión poco antes de que un ADN confirmara que fue él quien la violó y la estranguló, y luego descartó su cuerpo a la vera de la ruta provincial N°41, en El Saladillo, San Luis. En su celda dejó tres cartas: no admitió el crimen, sí que se deshizo del cuerpo. Para los forenses, Florencia “vivió un calvario antes de morir”.

Florencia Di Marco tenía 12 años.

Y para la fiscalía también vivió un calvario en vida. Di Marco “colaboró y cooperó para que Gómez abusara de su hija”, “optó por no escuchar a la víctima, y permitir que su pareja siguiera abusando de ella en reiteradas oportunidades”, fue uno de los párrafos más duros de Roche sobre la actitud de la mamá de Florencia.

Di Marco fue detenida el 3 de mayo, un mes y 11 días después del crimen, por decisión de la titular del Juzgado en lo Criminal N°3 de San Luis, Virginia Palacios. Fue la primera en sospechar de la mamá de Florencia. El fiscal cree que las pruebas que hay en la causa no dejan dudas sobre su responsabilidad y por eso recomendó como pena 17 años y medio de cárcel para la mujer.

Los argumentos

La autopsia fue contundente: Florencia no solo tenía sus genitales destrozados por la violencia con la que había sido atacada sino que había cicatrices que evidenciaban “habitualidad en el coito”, según los forenses. Esa fue la punta del iceberg que llevó al padrastro a la cárcel y, luego, a la mamá.

Fue cuando la Justicia comenzó a indagar en la dinámica familiar que empezaron a salir a la luz cuestiones que les llamaron aún más la atención a los investigadores. Como por ejemplo, el audio de Whatsapp de una maestra del colegio de Mendoza al que iba Florencia antes de mudarse a San Luis, preocupada al enterarse de la desaparición de la nena.

"El infeliz del padrastro seguro tuvo algo que ver, porque cuando nosotros la teníamos él la acariciaba”, se oía en el audio del grupo de maestras del colegio Florentino Ameghino de Mendoza. Esa docente, admitió no sólo que Florencia le contó: “Hay veces que mi papá me acaricia”. Sino que también se lo informó a la madre de la chiquita, quien tildó a su hija de mentirosa. Y hasta a la directora. Pero nadie hizo nada y la Dirección General de Escuelas de Mendoza les abrió una investigación: era su deber denunciarlo.

El testimonio del abuelo paterno y de la madre del padrastro terminó de confirmarle a la Justicia puntana que había habido señales de alerta hacia la madre de la chiquita. “Se conocía abiertamente que Florencia era abusada”, disparó la jueza Palacios tras detener a Di Marco.

Es que el propio padre de Carina Di Marco contó: “Ella me hablaba como un niño con resentimiento. Decía que tenia temor, que cuando se acostaba tenia como pesadillas, que era como que le golpeaban la cama, se la movían, pero cuando se despertaba no había nada. Le había comentado a la madre y a mi yerno de esto, pero no le creían. Vivía con un temor... Como si le hubieran hecho algo, pero no sé qué”.

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    415 páginas porno miró en su celular Gómez horas antes del crimen de Florencia, según una pericia.

Y la madre de Lucas Gómez recordó no sólo que la nena quedaba a cargo de sus dos medios hermanos de 9 y 3 años cuando su mamá y su padrastro salían, ya fuera de día o de noche, sino que Di Marco le decía “prostituta” a Florencia; y un detalle que avergonzó a la mujer: “Cuando mi hijo se bañaba, Carina la mandaba con la ropa. Lucas estaba envuelto en toallón y, cuando entraba la nena, cerraba la puerta”.

Para el tiempo de estos testimonios, a la Justicia le llegó el informe psicológico sobre Carina Di Marco y la declaración de la asistente social de la Maternidad Provincial Teresita Baigorria donde la mujer estaba internada cuando Florencia desapareció. Es que para ese entonces había parido a su cuarto hijo, el tercero que tenía con Gómez: una beba que al igual que sus hermanos de 9 y 3 años hoy viven con familias solidarias.

La asistente social declaró, según consta en la causa, que cuando se enteraron de la desaparición de Florencia, le ofrecieron a Di Marco dejar la maternidad porque estaba en condiciones de hacerlo, y cuidarle a la beba si ella quería ir a buscar a su hija.

“Mi colega me comunica que la señora no quiere retirarse. Eso nos llamó la atención a todos”, dijo en la testimonial la empleada de Servicio Social, y aclaró: “Nunca se refirió a la nena como su hija sino como 'ella', y siempre habló en pasado: 'Ella no tenía amigas'. Basada en mi experiencia, me pareció que su actitud no era normal”.

El calvario de Flor: un padrastro abusador y asesino y una madre que va a juicio por permitirlo

El círculo sobre Di Marco se terminó de cerrar con el informe psicológico. Las pericias a las que fue sometida reflejaron una "importante introversión, que le hacen permanecer particularmente fría y distante de lo acontecido, a la vista de otros".

El equipo de psicólogas que la evaluó determinó que estaba "orientada en tiempo y espacio" aunque destacó "una marcada disociación emocional, lo que se presenta como una importante carencia de resonancia afectiva".

Y señalaron como crucial que la mujer "prioriza el discurso de la pareja, minimizando, naturalizando e invisibilizando situaciones de violencia psicológica, física y emocional, que no le permitían atender otros indicadores que manifestaba, por ejemplo, Florencia. La familia posiblemente dejó de ser para la nena un lugar de protección y seguridad”.

El caso

Fue el 1 de junio que se conoció que la muestra de material genético que habían extraído de cuerpo de Florencia era idéntica a la que le habían tomado a Lucas Gómez el 9 de mayo, un día antes de que se ahorcara en la cárcel de Pampa de las Salinas con parte de un cable de teléfono y el cordón del jogging.

La ciencia terminaba de confirmar lo que las pruebas indicaban. Aquella madrugada del 22 de marzo, el padrastro consumió 415 páginas porno en su celular. Según una pericia, el tránsito de datos de su teléfono se interrumpió entre las 3.19 y las 8.16, justo la franja horaria que aparece como ventana del crimen de Florencia.

El hallazgo del cuerpo de Florencia, fue a la altura de El Saladillo, a 55 kilómetros de la capital puntana.

En base a la autopsia, entre las 4 y las 6 de ese miércoles de otoño, la nena fue violada con brutalidad y estrangulada desde atrás con un laso que le hizo un surco de 11 centímetros en el cuello y le rompió la tráquea. Una vez consumado el crimen, el cadáver fue descartado debajo de un puente a 55 kilómetros de distancia de la capital puntana. Cuatro testigos ubicaron a Gómez en esa zona de El Saladillo y captaron el paso de su auto las cámaras del peaje.

El mediodía de ese 22 de marzo, Gómez fue a retirar a los chicos a la escuela Rosario Simón y denunció que la nena no estaba. Nunca dijo que no la había llevado al colegio, todo lo contrario; tampoco que revoleó su mochila en los alrededores para despistar a la policía. Según consta en la causa, el paso de su coche por el lugar del hallazgo del bolso fue captado por las cámaras de seguridad de la cuadra.

Y Gómez tampoco admitió por entonces, mientras lloraba por la desaparición de Flor ante las cámaras de TV, que hacía tiempo que abusaba de su hijastra. Mucho menos lo hizo en las tres cartas que escribió antes de suicidarse: “A su mujer le decía que no la había matado que, en realidad, la noche del hecho él la encontró colgada en su habitación, se desesperó, empezó a tomar alcohol y a drogarse, y le escribió: 'Tomé una mala decisión, como siempre, y no supe qué hacer. La subí al auto y la arrojé en otro lado'”.

 
 

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