La noche del jueves 8 de diciembre de 2011 era tranquila en Mendoza. Era feriado por el Día de la Virgen y estaba todo listo para que Paco Pérez asumiera como gobernador al día siguiente. Sin embargo, una noticia de última hora puso todo patas para arriba a nivel social y político.

monstruo

"Ojo: hay un muerto en Las Heras", avisó un cronista de la sección Policiales a la mesa de redacción del diario Uno.

El jefe de cierre levantó el pulgar mientras pensaba qué información lista para publicar levantaría o acortaría para darle espacio a ese crimen. Pero no alcanzó a arribar a una conclusión porque el cronista de Policiales volvió y se paró nuevamente frente a él con gesto grave y pálido.

Corrijo -advirtió- no se trata de un muerto. Hay ¡cuatro muertos! en una casa. ¡Mataron a toda una familia entera!

Los nombres 

Aquella noche, de la cual ya pasaron más de siete años, las víctimas de la calle San Pedro del barrio 8 de Mayo fueron un matrimonio de ancianos y una hija y un nieto de ambos.

Se llamaban Sara García (83) y Alí Miguel (80), Mónica Miguel (49) y el pequeño Ezequiel (10). Los dos primeros fueron asesinados apenas entraron a la casa cuando volvían de escuchar misa.

Mónica y su hijo Ezequiel habían sido atacados veinte minutos antes y el menor dejaría de existir camino del hospital.

Las autopsias determinaron que todos tenían 71 heridas provocadas con dos cuchillos de cocina luego hallados.

¿Quién pudo cometer semejante masacre?

"Hay un testigo", le avisaron a la fiscal de Homicidios Claudia Ríos.

Se trataba de un vecino que vivía justo enfrente. Era amigo del chico asesinado y había estado en la casa de la masacre. Habían estado jugando con una computadora. Y mirando videos que había llevado en un pen drive.

Entró un encapuchado y los mató a todos -declaró el adolescente-. Yo alcancé a esconderme detrás de la mesita del televisor.

Mientras el testigo daba semejante declaración, en la lavandería de su casa la abuela lavaba la ropa y las zapatillas manchadas de sangre.

Sí, el encapuchado me atacó a mí también -respondió el menor mostrando una herida sangrante en la palma de la mano. Estaba en carne viva.

¿Te hizo algo más? -le preguntaron.

Por suerte, nada más. El asesino se escapó por el patio y después saltó la pared.

Pero el único rastro encontrado por los investigadores fue un delgado hilo de sangre que salía de la casa de la familia Miguel, atravesaba el patio, trepaba la medianera, cruzaba la calle y entraba directamente a la vivienda del único ¿testigo? A esa altura de la noche, el amigo de la pequeña víctima comenzaba a tener otro rol en esta historia. Un papel distinto. Monstruoso.

Hoy tiene casi 21 años

Aquella noche no tuvo escapatoria y terminó por admitir que él había dado muerte a la familia Miguely que había usado un cuchillo tipo serrucho. Tenía 13 años y por ser menor de edad la Justicia Penal no pudo juzgarlo, aunque sí dejó asentado en el expediente judicial que era el autor de la masacre.

Hoy está por cumplir 21 años. Su nombre no puede revelarse públicamente porque cuando cometió los crímenes era menor de edad y diversas convenciones internacionales obligan a resguardar la intimidad de los menores, incluso de los que estén vinculados a este tipo de hechos de alto impacto público.

Por la familia fue llevado a San Juan y posteriormente a Córdoba. En la provincia cuyana vivió con el padre; años después, en la provincia mediterránea, se reencontró con la madre, quien lo había abandonado cuando niño.

Por orden judicial debió someterse a tratamientos psicológicos y psiquiátricos.

El triste recuerdo en las redes

Justicia por la familia Miguel es un perfil en Facebook creado por familiares de las víctimas para "pedir justicia, porque este crimen no puede quedar impune porque el autor sea un menor de 13 años".

Cada 8 de diciembre se suman nuevas publicaciones para recordar el caso y para exponer serias diferencias con las decisiones de la Justicia y el valor de las leyes. Incluso en las fechas de los cumpleaños de los fallecidos.

Este es uno de los posteos más conmovedores: "7 años de aquel día, tanta tristeza invade mi corazón. Siempre me pregunto por qué pasó, por qué fue así, x qué... Pero sé que son preguntas sin respuestas, porque ni siquiera la justicia pudo hacer algo por mi familia: no tuvieron justicia. No solamente tuvimos la respuesta de que a un asesino lo protejen porque en ese tiempo era menor y ahora es mayor y ya no se puede hacer nada. Creo mucho en Dios y sé que él le va hacer pagar x cada dolor que nos provocó a cada uno de nosotros; sé que él va a hacer justicia ya que nosotros nos quedamos con las manos vacias. Mi corazón no logra superar sus partidas ni este vacío que invade mi alma y la tristeza que acompaña mi vida. Los extrañamos mucho y mucha falta nos hacen. Siempre los recuerdo. A mi abuela, a mi abuelo, a mi tía y a mi primo. Hoy miro al cielo y sé que están ahí, guiando mi camino para que yo sea feliz y mi familia también"

(En la foto, Ezequiel Miguel, hijo adoptivo de Mónica, quien fue asesinado por su amigo)

Fuente: diariouno

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